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jueves, 2 de enero de 2020

La cacerola y el cucharón

En Colombia se convocó con mucho tiempo de antelación a un paro nacional para el 21 de noviembre. Pero muchos no nos enteramos que en las noches se venían sonantes cacerolazos. Yo me enteré cuando en mi barrio empezaron a soñar a las 8 de la noche. Y tampoco se dijo que era de carácter indefinido. Cómo la Real Academia Española define al cacerolazo como: “Protesta colectiva en la que se hace ruido con cacerolas”, en America Latina se originó en la Argentina y sonó tan duro que su eco tumbó a un presidente de la república. Además, han sonado en Chile, Perú, Ecuador y Venezuela. En Colombia, la sorpresa fue mayúscula y muy sonora. Ahora bien, debo confesar que no he participado en las protestas, marchas o cacerolazos que se están llevando acabo hoy en las ciudades de Colombia. La razón es simple. Primero, porque voté por Duque y tomó hace poco tiempo posesión de su destino. Segundo, creo en el modelo económico de nuestro país. Tercero, temo a la llegada del socialismo a nuestra patria y por último, donde Petro mete las narices, yo no meto las manos. Les confieso que le temo a Petro por su carácter incendiario, porque lo vi en un vídeo recibiendo dineros en bolsas plásticas y que aún hoy no le ha dado una explicación a sus seguidores. Porque cuando perdió las elecciones a la presidencia de la república vaticinó en su discurso que iba a sacar a sus seguidores permanentemente a la calle a protestar. Me pregunto: ¿a protestar porqué si el gobierno Duque ni siquiera había empezado? Me dio la impresión que es pésimo perdedor. Porque en su desespero de desestabilizar convocó hasta las barras bravas del fútbol a unirse al paro. Y, por último, porque les hace trampa a los organizadores alardeando que es el principal organizador. Por otra parte, hoy veo con asombro que sacaron a muchos de los indígenas de su territorio en el Cauca y los trajeron a la Capital de los colombianos a unirse a las protestas y marchas. Y a los estudiantes universitarios -que puedo asegurar la mayoría ni siquiera votaron en las dos contiendas electorales pasadas- los sacan a marchas y a enfrentársele a la policía con piedras y palos como carne de cañón. Por lo anterior, quien nos vea desde el exterior dirá que este gobierno es un caos y que Colombia está sumida en una hecatombe. Y, pienso que no es cierto pues el país tiene una de las democracias más sólidas, su economía crece poco pero seguido y cuenta con reconocimiento a nivel Internacional de respetar el derecho internacional público y privado. Aunque no marcho, si es un hecho que hubo muchas acciones que pudo realizar el presidente para evitar este descontento que se está creciendo en forma muy alarmante: Carrasquilla y Botero no debieron ser ministros. El primero, por lo de los bonos del agua. Y, el Segundo, porque siempre dio la impresión de saber más de maternidad de gallinas que de estrategia y milicia y Segundo, por su afán de salir a los medios de comunicación a defender a los militares, le mintió al país en vivo y en directo. Asimismo, los afrodescendientes e indígenas quedaron mal contados, quiero decir, mal censados y por lo tanto hay un mensaje que el DANE es un desastre. Además, con Pachito mereció ser más severo por bocón pues da pie para pensar que no lleva la batuta del poder. ‬ Adicionalmente, no haberles cumplido a los indígenas fue un mensaje que la provincia no le importa y que nuestros ancestros son un cero a la izquierda. Acá cabe también, las muertes de los líderes sociales De igual manera, no debió haber atacado con tanta fuerza el proceso de paz pues fue un logro del anterior gobierno y mal o bien nos trajo tranquilidad. También, la Salud es un caos, nos matan en las EPS al negarnos medicinas, exámenes, cirugías y especialistas. A su vez, no hay empleo. Pero más dañino fue decir que los jóvenes iban a ganar en 75% de salario mínimo. Y, peor, que desde el DANE se diga que los miles de venezolanos en Colombia no tienen nada que ver con el desempleo de los nacionales. Igualmente, la inseguridad nos tiene con temor. Nos atracan hasta en la puerta de la casa. Vivimos asustados y temerosos. No haber apoyado con esfuerzo y ahínco la consulta anticorrupción. Y, por último, es necesario que los colombianos sepamos y creamos que es el presidente Duque el que gobierna y no lo hacen por él en cuerpo ajeno. Pero, por otra parte, es muy frustrante que una de las exigencias principales de los organizadores del paro, sea que se desmonte el ESMAD cuando se pensaba que estaban por exigencias para el pueblo. Así las cosas, yo le agregaría a la definición de la RAE: utensilio que junto al cucharón tiene en jaque al gobierno del presidente Duque. En conclusión, no me faltan ganas de salir con la cacerola y el cucharón pues es mi derecho a la protesta un derecho humano y aportar en que Duque conduzca y enderece el rumbo. Aún está a tiempo para que por este descontento no se nos cuele Petro a la presidencia de la república. LUIS HERNÁN TABARES AGUDELO Corporación Universitaria Americana Estudiante de décimo semestre de derecho

domingo, 29 de diciembre de 2019

Cuando retumban las cacerolas

La lucha por la libertad del pueblo norteamericano fue un conflicto bélico que enfrentó a las colonias británicas con el reino de la Gran Bretaña. Fue algo muy similar con lo que pasó acá con Simón Bolívar, el ejército libertador en contra del reino de España. Este enfrentamiento ocurrió entre 1775 y 1783 y terminó con la victoria de los americanos sobre los británicos. Ahora bien, con el fin de la guerra, los Estados Unidos entró en crisis en varios frentes en especial el económico y su lucha por la unión de sus territorios. Es por eso que surgió que después de la guerra sus ciudadanos pudieran seguir portando y usando sus armas con el fin de defender su revolución. Fue una ley promulgada en 1791 y conocida como la “segunda enmienda” que entregó a los ciudadanos la posibilidad de defenderse por mano propia de un gobierno tiránico que no respete la Constitución. De hecho, esta ley acompaña a los estadounidenses casi desde su surgimiento como nación libre y soberana. Aunque es un hecho notorio que ocurren masacres en diferentes lugares en Estados Unidos perpetradas casi siempre por civiles que ponen a este pueblo contra la cuerdas y que cualquier ciudadano puede comprar desde una pequeña arma hasta un poderoso fusil; la Corte Suprema de los Estados Unidos sentenció -en 2010- que “ninguna ley estatal o local puede restringir a los estadounidenses el derecho a poseer o portar armas, que es reconocido por la Segunda Enmienda”. Y esta sentencia luego fue ratificada en 2016. De otra parte, la Constitución Política de los colombianos garantiza el derecho a la protesta pacífica en el artículo 37 cuando establece que “toda parte del pueblo puede reunirse y manifestarse pública y pacíficamente…” Asimismo, en reciente sentencia la Corte Constitucional, la define como “libertad publica fundamental pues constituye una manifestación colectiva de la libertad de expresión y un medio para ejercer los derechos políticos…” y también manifestó que “el derecho de reunión tiene un carácter altamente democrático, según los debates de la Asamblea Nacional Constituyente”. Estos argumentos se sintetizan con que la protesta es una expresión pública de inconformismo que la define el Diccionario de la Real Academia Española como “la forma de declarar o proclamar un propósito, o confesar de manera pública una creencia o pensamiento”. Hoy en las democracias actuales es un principio fundamental del sistema democrático que está inmerso en su buen funcionamiento debido a que con ella los ciudadanos se hacen oír y se dan un lugar dentro del sistema político. Ahora, es evidente que el nuevo Estatuto de la oposición política dentro de los principios rectores garantiza la participación política efectiva cuando ordena que “El Estado garantizará a todas las agrupaciones políticas ejercer el ejercicio de la oposición, incluyendo la movilización y la protesta social”. La síntesis es simple, la protesta es un derecho humano cuando es legítima, pacífica y ceñida a los límites que la democracia le impone, es la forma que tenemos los ciudadanos de hacernos escuchar respetando las posiciones de los demás. Para concluir, el equivalente al uso de las armas de los norteamericanos para defenderse de un posible gobierno opresor y tirano es acá el derecho a la protesta.